Un dialogo profundo

 

-  Esta guachita me está buscando. Ya no sabe como hacer para llamarme la atención. Mientras salía con Roberto, casi ni me daba la hora. Me miraba como si no valiese nada. Ahora se viene con esas camisetas que le marcan las lolas (que no están nada mal) y usa esos pantalones ajustados que se le pegan a la cola. Encima, cuando sabe que la observo, la mueve como si quisiera que la desnudara. Bueno… ganas no me faltan y creo que se lo merece. Está haciendo todo lo posible. En fin… eso de que la desnude, ya se dio. No físicamente, pero de tanto estudiarla ya me imagino cada lugar de su cuerpo y cada lunar que pueda tener en las pocas zonas que no está mostrando. Y esas miradas… Me clava los ojos como invitándome a que me tire con ella y se relame como si me estuviera saboreando.. De vez en cuando, entrecierra sus ojitos como si me los estuviera guiñando. Como que siga así, lo va a lograr. Ya no puedo más. Estoy a punto de aflojar y darle el gusto de una vez por todas. Puede que así se calme y me deje en paz. Hay sacrificios que valen la pena. ¿De que sacrificio estoy hablando? ¡Sería un placer!

-  Calmate. Mira como estás. Debes pensar…

-  ¡Callate! ¿Para que sirves? ¿Sólo para no dejarme dar los gustos? Mira de lo que estás tratando de privarme. ¿No se te mueve un pelo? ¿No sientes lo que yo siento? ¿De que estás hecha? ¿No te das cuenta de que tengo 30 años y que no soy de hierro?

-  Pero… sos casado y tenes dos hermosos hijos…

-  Lo sé. No me olvidé, pero cuando era soltero y podía darme algunos gustos, esta maldita empresa no tomaba ejemplares como este. Yo no tengo la culpa de que me pongan al lado de semejante bombón y que ella me esté buscando como loca. Además, ella lo sabe y parece que no le interesa en lo más mínimo. Supongo que no me está buscando para que nos casemos.

-  ¿Qué dices de tu mujer? Era la más linda del barrio. Estuviste desesperado detrás de ella durante meses, hasta que te dio bolilla.

-  Nada. No te metas con mi mujer. La sigo queriendo y la veo tan o más linda que antes, pero esto no tiene nada que ver con eso. Esto es sólo darme un gusto, sacarme este metejón…

-  Cuidado. Ese gusto te puede costar caro. ¿Qué pasaría si tu mujer se enterara? ¿Cómo quedarías delante de tus hijos si te vieran?

-  ¡Dejate de embromar! No voy a salir de la oficina tomado de su brazo. ¡No soy tan gil! Quedaré en encontrarme con ella en la esquina de un “telo”, en un lugar un poco alejado y listo.

-  ¿Y si alguien reconoce el coche cuando entrás?

-  ¿Quién me va a ver?

-  Y aunque no te vean, después de ese “gran momento” ¿Serás capaz de mirar a los ojos a tu mujer? ¿Podrás volver a abrazarla y besarla? ¿Podrás seguir durmiendo con ella? ¿Cómo harás para demostrarle a los chicos que los seguís queriendo? Nunca creí que pudieras ser tan falso.

-  ¡Callate maldita conciencia! Nunca supe quién te creó. Si Dios para tratar de que sea bueno o el diablo para arruinar cualquier posibilidad de placer que se me presentara.

 

-  ¡Juan! ¡Juan! ¿Te pasa algo? ¿Te sentís mal?

-  ¡Hola Jorge! No te había visto acercarte.

-  Te ví muy tenso y como si estuvieras ausente.

- Estoy bien. Estaba pensando como llevar a cabo, de la mejor manera posible, el proyecto del shopping. Es mi oportunidad para hacerles saber cuando valgo.

-  Si, te entiendo. Pensé que no estabas bien. Perdoname si te interrumpí. Te dejo para que sigas con lo tuyo.

-  No tengo nada que perdonarte. Te agradezco que te preocuparas, pero estoy bien. 

-  Bueno… ¿A la hora del almuerzo nos vemos? Me voy charlar un rato con tu vecinita. Me tiene loco. ¿Viste que bien está?

-  ¿Si? ¡No lo había notado! Después te confirmo lo del almuerzo