El enojo de Juli

-         ¡Qué gusto verte, Juli! Te estaba extrañando.

-         ¡Hola Tom!

-         ¿Qué te pasa, Juli? No se te ve nada bien. Pareces triste o enojada. Es raro verte así. Siempre estás alegre y me saludas con más cariño. Hoy estás como…  si estuvieras enferma.

-         Mira, Tom. Tengo motivos para estar triste y trato de no pensar en ellos. Pero, quédate tranquilo porque esto no tiene nada que ver con nuestra amistad y preferiría no hablar del tema.

-         Pero… Juli. Si es algo que te preocupa sería bueno que me contaras. Quizás pueda ayudarte.

-         No creo que sirva para nada, porque no  podrás remediarlo. El motivo de mi pena no tiene  solución.

-         ¡Dale! No seas terca. ¿Soy  tu amigo o no?

-         Bueno… Me ganaste. Voy a contarte mi tragedia.

-         ¡Eh! No será para tanto. ¿O si lo es?

-         Ya me vas a dar la razón. Hace 7 años que estoy con mis papis, pero parece que ahora mi amor no es suficiente.

-         ¿Por qué dices eso?

-         Mira… Desde hace unos días les oía hablar sobre si era bueno o no adoptar a alguien más. Decían que no se decidían a hacerlo, porque pensaban que iba a ser un trabajo adicional para el que no estaban seguros de estar  preparados.

Al principio,  mi mami; después mi papi, comentaban sobre sus dudas, pero un día les escuché decir: “Tomemos la decisión por el sí o por el no. Tanto dudar nos pone mal”.

-        Y finalmente ¿decidieron lo que harían?

-        ¡Sí! Decidieron hacer lo que menos me gustaba: adoptar.

-        ¿Y que vas a hacer?

-        ¿Qué puedo hacer? Les demostré de mil maneras que no me gustaba la idea. Traté de esquivar los mimos. Parece que ni lo notaron o no les interesó.

-        No puedo creer que no les interesara. Siempre te han tratado bien. Te atendieron de lo mejor, según me has contado, y si no les hiciste nada malo ¿por qué van a querer lastimarte?

-        No lo sé.  Te aseguro que si lo hacen, les voy a hacer notar a cada momento mi enojo. No te digo que me voy a ir, porque no sabría a donde, pero te aseguro que voy a cambiar totalmente.  No más acercarme para recibir mimos ni darlos. Sólo voy a estar allí para comer y dormir.

-        Bueno. No te lo tomes así. Puede que cuando llegue te guste y hasta puedas tener alguien en la casa con quien jugar.

-        ¡No! ¡Nunca!

II

 

Pasaron varios días y Juli y Tom se volvieron a encontrar.

-        ¡Hola Juli! ¿Estás más tranquila?

-        No Tom. ¿Cómo voy a estar más tranquila? ¿Qué te pasa? ¿No te enteraste o me estás cargando?

-        ¡Epa! ¡Epa! ¡Espera! No te la tomes conmigo. ¿Qué te está pasando?

-        Llegó el intruso.

-        ¿Cuándo?

-        Hace una semana. Un día salieron con el auto y cuando volvieron lo trajeron a la casa.

-        Bueno… No te queda otra cosa que hacer que aceptarlo. Eso te evitará mayores problemas.

-        ¡Ni lo sueñes! ¡No lo voy a aceptar nunca!

-        ¿Y que vas a hacer?

-        ¡Ya lo estoy haciendo!

-        ¿Qué estás haciendo?

-        Mira… estoy cerca de ellos solo para comer y dormir. El resto del día, busco un rincón para esconderme. Si están en la planta baja, me escapo para la planta alta. Si están afuera, entro. Si quieren darme un mimo, lo esquivo. Cuando no tengo otro remedio que pasar al lado del “nuevo”, lo miro con desprecio o amenazante. ¡No sabe dónde se metió!

-        Se te va la mano. Sería mejor aceptar la situación.

-        Ya te dije que ni lo sueñes.  La llegada de este nuevo “hermano”, ya me ha hecho sufrir mucho. Él quiere acercarse, pero eso me hace enfurecer más.

-        Bueno… cuéntame como es. ¿Es muy chiquito? ¿Es lindo? ¿Cómo se llama?

-        Lo llaman Iggy. Dicen que es chiquito, pero es más grande que yo. No me parece nada lindo, aunque todos dicen que sí lo es. ¿Cómo lo va a ser si tiene una cara toda arrugada y una trompa que sobresale? Pero… lo peor de todo es que en lugar de decir “miau” como nosotros, dice “gua”

¿Alguna vez escuchaste eso de llevarse como gatos y perros?

Eso es lo que está sucediendo. Si hubiesen traído alguno como nosotros, que me hiciera compañía, tampoco me iba a ser fácil aceptarlo de entrada, pero podría ser que alguna vez terminara haciendo las paces con él.

Pero se les ocurrió adoptarlo a “ese”. No pensaron que una gatita mimada como era yo y un pichicho como él, nunca íbamos a poder llevarnos bien.

-        ¡Oh  Juli! ¡Ahora entiendo tu enojo!

 

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