¿Cuál es la realidad?

 

Había trabajado mucho y estaba muy cansado. Pensé que la mejor manera de ver ese programa de televisión que tanto había esperado y, al mismo tiempo, descansar, era hacerlo recostado en la cama. No dudé un instante y así lo hice.

Poco después, empezaron a pasar por mi mente distintas cosas que no entendía.

Veía un país donde, desde hacía muchas décadas, el pueblo estaba sufriendo por distintas circunstancias. Varias veces, los gobiernos democráticos no habían podido terminar sus mandatos. Distintos golpes militares se lo habían impedido.

En muchas oportunidades, ello se debía a que el gobierno democrático no había conseguido llevar adelante al país. Una gran parte del pueblo estaba disgustada y deseaba que se produjera un cambio, circunstancia que los militares aprovechaban como excusa para tomar el mando.

En otras, sólo se trataba de problemas donde el pueblo no tenía ninguna intervención.

Llegó el momento en que los militares estaban tan desprestigiados por haber tratado de llevar al país a una guerra y haberlo llevado a otra, que terminó en una triste derrota con gran cantidad de muertos,  que ya nadie tenía la intención de volver a apoyarles.

Eso los obligó a dejar el poder en manos de un gobierno democrático. Después de las elecciones, la gente volvió a tener esperanza de un futuro mejor. Por las calles, se veía un cambio de humor que nadie se había imaginado que podía producirse. Los saludos ya no eran de compromiso. Los conocidos y vecinos se saludaban sonriéndose unos a otros. Muchos iban por la calle silbando o cantando.

Es decir, que en todos lados se notaba el gran cambio. Los ciudadanos habían recuperado las esperanzas y, con ello, su buen humor.

Pero esto cambió poco tiempo después de que el nuevo gobierno asumió el poder. Otra vez comenzaron los problemas. El nuevo presidente demostró ser un defensor de la democracia pero incapaz de manejar la economía del país.

Se produjo una hiperinflación  y los distintos ministros de economía no lograron dar con el camino para pararla. Por otro lado, la corrupción había iniciado su camino ascendente. Los funcionarios y legisladores ya no pensaban en el país ni en quienes representaban, sino en que ventaja podían conseguir si votaban o no una determinada ley.

En algunos casos, el pago de favores con ventajas, se fue conociendo, y eso fue llevando al pueblo a un rechazo hacia sus representantes.

Algunos inversores cerraron sus fábricas y se retiraron del país. Otros se quedaron, a la espera de cambios. No obstante, y a pesar de todo lo que sucedía, la gente tenía posibilidades de conseguir otro trabajo.

Los militares intentaron tomar nuevamente el poder, pensando en que les iba a ser posible porque el gobierno democrático, una vez más, no era capaz de lograr una solución para los problemas del país.

Pero esta vez, el pueblo ya sabía que la solución no pasaba por un golpe militar y lo rechazó.

No obstante, por su propia incapacidad para lograr arribar a una solución para los profundos problemas económicos del país, el presidente decidió irse antes de terminar su mandato.

Asumió un nuevo presidente democrático que logró, poco después, solucionar los problemas económicos que le había dejado el anterior.

Al poco tiempo, muchas empresas extranjeras volvieron a armar sus fábricas en el país y la economía comenzó a mejorar. Tanto dentro como fuera del país, se veía el sistema como digno de ser imitado. La economía prosperaba a pasos agigantados. Todo parecía florecer. El mundo veía a ese país con envidia.

Pero, lamentablemente, muchas de las decisiones que se tomaban a nivel de empresas del estado, legislativo, aduanero, etc. respondían, principalmente, a obtener un beneficio personal o sectorial. No se tenía en cuenta, para nada, el bienestar general.

Después de varios años, cuando el mismo presidente cumplía ya su segundo mandato, se hizo cada vez más evidente que quienes ejercían funciones en los tres poderes no estaban al servicio de la Patria, sino que se servían de la Patria. Algunas de las peores consecuencias de estas actitudes fueron: el cierre de fábricas y la consecuente pérdida de lugares de trabajo; el empobrecimiento del pueblo por la concentración de la riqueza en unos pocos; la importación de productos manufacturados en lugar de la producción de los mismos; etc.

Se volvieron a ver caras largas, gente que no era feliz, que no sonreía cuando saludaba, etc.

Una vez que ese presidente terminara su segundo mandato, la gente, que ya había perdido su confianza en él, decidió poner todas sus esperanzas en otro. Cuando asumió el nuevo presidente, volvió a notarse la alegría de los ciudadanos.

Pero esto duró poco. Los casos de corrupción no mermaron. El presidente era incapaz de tomar medidas eficaces. Cada vez más fábricas cerraban sus puertas y cada vez más gente se quedaba sin trabajo.

Se formó una nueva clase social: la de los cartoneros, que no eran más que ex-obreros que ya no tenían trabajo y debían sobrevivir recolectando papeles, cartones, etc. y venderlos para poder comprar algo de comida.

Cada día había más gente sin techo donde cobijarse, sin acceso a la medicina y a la educación, etc. Pero, al mismo tiempo, los funcionarios, día a día, seguían obteniendo ventajas que el pueblo no tenía (jubilaciones especiales, dietas exageradas, gastos reservados, dineros públicos para repartir a su antojo, etc.)

Llegó el día en el que el pueblo, cansado de todo esto, con "cacerolazos",  logró torcerle el brazo al poder y el presidente se vio obligado a dimitir.

Cuando llegué a ese punto, nunca supe el motivo, comencé a ver una escena distinta.

Veía un país con muchas décadas de prosperidad, con un pueblo que cumplía con las leyes, que eran justas y razonables, que pagaba sus impuestos, que premiaba a los buenos gobernantes y castigaba a los malos.

Un país donde los legisladores no tenían privilegios con respecto al pueblo; que pagaban sus impuestos como el resto de los ciudadanos; que votaban por el sí o el no, cuando se trataban las leyes, pensando si eran buenas para el país o no; que no disponían del dinero del pueblo como si fuera propio; etc. Es decir, que no se servían de la Patria sino que servían a la Patria, como correspondía.

Era un país donde el presidente, sus ministros y funcionarios pensaban en el bienestar general y no en el propio ni en el de sus parientes, amigos, etc.

En resumen, cada uno pensaba en el resto de los ciudadanos y actuaba como quería que actuaran los otros con respecto a él.

En ese momento, entró a la habitación mi mujer y  desperté. Recién allí me di cuenta de que el cansancio me había vencido y que había estado soñando, pero todavía estaba tan confundido que no sabía si mi país era como el que vi primero o como el último.

Entonces, comentándole a mi mujer mi sueño, le dije:

-  Por favor, si nuestro país es como este último, dime cuál es la realidad. Si es como el primero, no me lo digas y déjame seguir soñando.