Adolescencia

 

“La adolescencia es una etapa muy importante de la vida”.

Ésta no es una expresión que me pertenezca. La he escuchado millones de veces.

Lo que sí he experimentado personalmente, porque nadie me lo había enseñado y, si lo hizo, seguramente no lo escuché porque era un adolescente, son las razones por las que se arribó a esa conclusión.

Si todavía no han llegado a ella, lo que les pueda comentar aquí no les va a servir, porque estas cosas sólo se aprenden viviéndolas.

Si entraron, pero todavía están, tampoco les van a ser útiles, porque los adolescentes no escuchan y, muchos menos, hacen lo que se les dice que deberían hacer.

De ninguna manera van a aceptar que deben disfrutar la adolescencia con fuerza, ya que alguna vez se terminará y es, salvo contadas rarezas, la parte más linda de nuestra existencia.

Es el tiempo en el que nuestras únicas tareas son estudiar y divertirnos o, lo que es aún mejor, divertirnos mientras estudiamos.

Es el momento en el que empieza a surgir el amor; cuando comenzamos a pensar que nos gustan los mimos de nuestros padres, pero no queremos que se ocupen tanto de nosotros, para poder actuar con mayor libertad; cuando todos los que nos quieren nos dan consejos, tratando de evitarnos futuros dolores, aunque sepan que no los vamos a aceptar; cuando consideramos que los mayores no saben nada y que los únicos inteligentes y dueños de la verdad somos nosotros; cuando estimamos que la vida es un juego como esos con los que nos entretenemos  en nuestra PC, por lo que, si nos va mal, podemos volver a empezar y no una realidad que estamos viviendo;  cuando suponemos que nada hay más importante que nosotros mismos y nuestras cosas; cuando pensamos que la vida será siempre así, que nunca tendremos obligaciones que cumplir ni trabajos que llevar a cabo; etc.

En esos momentos es muy difícil que entendamos que muy poco de esto es real y que, en caso de que lo sea, no va a durar eternamente.

Sin duda alguna vamos a considerar que así será toda nuestra existencia, sin aceptar que el futuro estará plagado de cosas iguales o mejores que esas pero, también, de muchos momentos de esfuerzos estériles, dolorosos, de pérdidas, etc.

Sé que si están dentro de ese período, no van a escucharme.

Y Uds. seguramente se estarán preguntando:

-    ¿Y entonces, por qué nos dices todo eso?

A lo que podría contestarles:

- Porque quiero que escuchen y acepten mis consejos.

Pero, si les dijera que ese es el motivo, les estaría mintiendo. Estoy seguno que no lo van a hacer.

La verdadera razón podría ser alguna de estas otras que me cuesta un poco confesar y no sé si las podrán entender, pero se las voy a comentar.

La primera, que, a pesar de las seis décadas y pico que llevo vividas, nunca haya dejado de tener, en lo profundo de mi ser, un poco de adolescente y que, por eso, en algunas ocasiones,  pueda llegar a pensar que estoy entre los mejores; que los otros saben poco o nada; que sólo siguiendo el camino que yo seguí, pueden llegar a ser tan felices como lo soy; que debo enseñarles, aún a costa de hacerles perder su libertad y la oportunidad de aprender por sí mismos; que debo evitarles pasar por los sufrimientos que puede ocasionarles ese aprendizaje; etc.

La otra, que, como se dice, en la ancianidad se vuelva a ser niño y que me esté acercando a eso, transitando ya una segunda adolescencia.

Pero no se asusten y ténganme paciencia. Dentro de un instante dejaré de comportarme como un adolescente, aunque más no sea, por un corto período.