Viaje al campo

 

¡Aquí estoy! ¿Me esperaban?

Hoy les relataré un viaje al campo, el que disfruté sin saber que podía ser el comienzo de una etapa triste de mi vida. Bueno… paso a contarles:

Una mañana,  toda la familia se levantó y desayunó, mientras yo también lo hacía.

Cuando terminamos, el papá me invitó a subir al auto, abriendo la puerta y diciéndome:

-        ¡Vamos King! Arriba. Nos vamos a pasear.

Eso me hizo muy feliz. Realmente me gustaba que me llevaran con ellos, cosa que no era muy habitual ya que si viajaban los tres chicos no quedaba lugar para mí.

Cuando me había acomodado en el asiento trasero, subieron los muchachos y el papá.

Partimos rumbo a la ruta. Poco después empecé a ver campos, alambrados, vacas y caballos, que me recordaron cosas que había visto cuando viajaba con mi anterior familia y, también, cuando hice el viaje desde las playas hasta ésta, mi nueva casa.

Después de más de una hora de viaje, el papá estacionó el auto delante de la tranquera de entrada de un campo. Uno de los muchachos bajó y la abrió.

Ingresamos al campo y nos acercamos a una casita, de la que salieron a recibirnos una mujer, un hombre y dos chicos.

¡Ah! Me olvidaba… y dos perros, que miraron con curiosidad lo que pasaba, pero parece que reconocieron al papá y a los muchachos, porque los recibieron sin ladridos ni gruñidos.

Los muchachos y el papá descendieron y éste, abriendo la puerta ubicada a mi lado, me ordenó:

-        ¡Baja King! ¡Tranquilo! Son amigos.

Tal como se me había pedido, bajé y me acerqué al grupo.

Una vez allí, escuché que el papá le decía al hombre:

-        Este es King, del que te había hablado. Lo traje porque quería que lo conocieran. Como verán es muy lindo y muy compañero.

Los chicos que habíamos visto al entrar, se acercaron y me hicieron algunas caricias. Yo las disfruté pero traté de que no se notara, porque no quería que pensaran que quedarme allí iba a ser un buen destino para mí.

Los perros también se acercaron. Nos olfateamos como es costumbre entre nosotros. Luego, ellos se fueron a acostar a la sombra de un árbol.

Al mismo tiempo, los muchachos me invitaban a correr con ellos por uno de los senderos.

Después de acercarme a un árbol para … bueno, ustedes saben, tenía que levantar la pata porque ya no aguantaba más, los seguí.

No se imaginan como disfruté de esos momentos, a pesar de mis temores con respecto a que ese fuera mi nuevo destino.

Cuando estaba llegando la hora del almuerzo, el papá le recordó a los chicos:

-        ¡Vamos chicos! Mamá nos espera para almorzar. Vengan a despedirse y hagan subir a King al auto.

Esas palabras me sonaron como una canción porque comencé a sentir que mis temores no tenían fundamento. Recién allí estuve seguro de que volvería a mi hogar con mi familia.

Me introduje en el coche mostrando mi alegría con pequeños movimientos de mi cortada cola. También subieron los chicos y el papá, y partimos.

Cuando llegamos a nuestra casa, las muestras de cariño que recibí y retribuí no puedo describirlas, pero creo que ustedes se las imaginan.

Por hoy les di demasiada charla. Los dejo.

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La casa del campo