Un encuentro

 

¡Hola amiguitos!

Hoy les voy a narrar mi encuentro con quien llegó a ser un gran amigo: Poqui

¿Si se llamaba así? ¡No! Lo que pasa es que nunca supe su nombre y se me ocurrió llamarlo Poqui  (porque era mucho más chico que yo) como podía haberlo llamado Negrito (porque era de ese color) o de cualquier otra forma.

¿Por qué lo considero un gran amigo?

Bueno... porque fue una linda compañía los pocos días que pasamos juntos y me enseñó muchas cosas que me sirvieron para seguir, con menos problemas, hacia mi destino.

De entrada, como siempre lo hacemos cuando nos encontramos con un desconocido, nos miramos fijo, nos acercamos con mucho cuidado y atención, nos olfateamos, especialmente los genitales, ya que ese es el aroma que más conservamos en nuestra memoria para saber reconocernos...

Ustedes ya habrán visto como actuamos en esos casos.

Así comprobamos que nunca nos habíamos visto y que ninguno de los dos tenía intenciones de atacar al otro.

De esa manera comenzó nuestra amistad y nuestras preguntas.

Cuando le dije si vivía por allí y si estaba sólo, me contestó:

~        Este bosque es mi casa. Hace mucho que no tengo una familia que me cuide y me mime.

~        ¿Qué pasó? ¿Por qué no tienes una familia?

~        Todo fue por una perrita.  La vi y me enamoré. Me fui tras ella y cuando quise volver estaba tan desorientado que no pude recordar el camino.

~        ¡Parece que el ataque de amor fue demasiado fuerte! No es nada fácil que nosotros nos perdamos.

~        Y... No te imaginas lo linda que era.

~        ¿No trataste de encontrar tu casa?

~        Traté, pero no lo logré. Mi familia no vive siempre en el mismo pueblo. Trabajan ayudando a sembrar y levantar las cosechas y se trasladan de una zona a otra. Nunca tuve oportunidad de conocer mucho los lugares donde estábamos. Sólo hacía dos días que habíamos llegado y cada vez que tomé un camino, descubrí que no era el correcto.

~        ¿Y como sobreviviste? Quizás puedas enseñarme a hacerlo. Tengo un largo trecho para volver a casa.

~        ¿Volver a casa? ¿Tú también tienes problemas? ¿También fue por una perrita?

~        No, mi caso fue muy distinto.

Le hice un breve relato de mi vida, para que conociera algo. Suponía que ya tendríamos tiempo de entrar en detalles.

Al terminar, pasé al tema que más me interesaba:

~        Pero ¿Cómo haces para alimentarte? ¿Cazas? ¿Alguien te da de comer?

~        Tuve suerte. Algunos días después de haberme perdido, noté que muchos camioneros paraban a descansar en los bosques que están al costado de la ruta.

Cuando lo hacían, acostumbraban a comer y siempre quedaba algún trozo para que yo pudiera saciar, aunque más no sea en parte, mi apetito.

Al principio, esperaba alejado y escondido que ellos se fueran. Nunca sabía como podían reaccionar al verme.

Con el tiempo fui perdiendo el temor y ya no me quedaba tan alejado ni escondido, aunque tampoco me ponía a su alcance.

Si al verme reaccionaban amistosamente, me iba acercando y esperaba sus caricias.

No hay duda que esos mimos me estaban haciendo falta, pero, en realidad, más que las caricias, que me gustaban, necesitaba el alimento que me daban.

¡No te imaginas como se me hacía agua la boca cuando empezaba a sentir el olor al asado que preparaban para almorzar!

¡Estar casi muerto de hambre y sentir ese rico aroma a carne!

¡Es terrible recordarlo!

Bueno… como te dije, a veces no tenía necesidad de esperar que terminaran de comer para recibir mi parte. A algunos camioneros les daba pena verme tan flaco y me ofrecían comida ni bien me divisaban.

Comprenderás que no siempre se trataba de la misma gente, ya que ellos seguían su viaje y tardaban en regresar. Algunos se hicieron tan amigos que, cuando llegaban, me llamaban silbando para que fuera a su encuentro.

-        ¿Nunca te ofrecieron llevarte con ellos?

-        Les oigo decir: ”Me lo llevaría pero no sé si mi perro lo va a aceptar y no quiero tener problemas” o “Lástima que en el departamento no tengo lugar, sino lo llevaría conmigo”. En concreto no hay nada.

-        Lo siento.

-        Bueno… Francisco dijo que se va a  mudar a una casa y que me va a llevar. Estoy esperando que vuelva.

-        ¿Quién es Francisco?

-        Un camionero con el que nos conocemos hace bastante tiempo.

-        Espero que tengas suerte.

-        Gracias. Yo también. Es triste vivir sólo.

-        Me quedaré algunos días aquí así nos hacemos compañía y, mientras, yo descanso.

Como había prometido,  permanecí varios días en ese lugar. La experiencia de Poqui me sirvió para aprender a sobrevivir.

Por hoy los dejo. ¡Nos vemos!

 

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Poqui