¡Qué susto!

 

 ¡Hola amiguitos! ¿Cómo están? Parece que hoy no han ido a la escuela, porque han venido más temprano.

Bueno... voy a comenzar a contarles otro pedazo de mi vida.

Como les dije la última vez que nos vimos, lo estaba pasando bastante bien. Lamentablemente, un día, después de haber paseado durante la mañana, como lo hacía casi siempre, vi que comenzaron a poner la ropa en valijas y bolsos. Como saben, yo tenía bastante experiencia al respecto. Se imaginarán que, enseguida, pensé que eso significaba un nuevo viaje.

La cosa no me agradaba nada. Había dos posibilidades. La primera era que me llevaran con ellos, lo que no sería tan malo, pero, en verdad, el lugar me gustaba mucho. Iba a extrañar mis juegos en la playa, mi corridas hasta el mar y todo eso. Había pasado bastante tiempo allí y me había acostumbrado. Hubiese preferido que todos nos quedásemos a vivir allí.

La otra posibilidad era que no pudieran llevarme y resolvieran dejarme nuevamente solo. Eso sería mucho peor. Ya les había tomado cariño y, además, ya había probado que estar solo no era nada bueno.

Realmente pasé momentos muy feos. Estaba intrigado. No podía preguntar que pasaría conmigo. No sabía como hacerlo.

¡Qué problema no saber hablar! Sólo me quedaba esperar.

Por la tarde, cuando ya habían apilado todos los bolsos y valijas, me llevaron a pasear por la costa, pero no volvimos a la casa, sino que seguimos caminando por el pueblo.

Así llegamos a un lugar dónde había varios camiones. El papá se fue a conversar con un señor que estaba allí. Desde donde yo estaba no podía oír que decían. Después de un rato, me hicieron muchas caricias, le entregaron la cadena al señor con el que hablaban y se fueron.

¿Se imaginan cómo estaba yo? No entendía nada. ¿Qué había hecho para que me abandonaran?

Había hecho grandes esfuerzos para portarme bien, para no dar motivos de queja, pero algo malo, sin darme cuenta, habría hecho.

Ellos parecían buenos y no podían hacerme una cosa así sin motivo, pero pensaba y pensaba y no recordaba haberme portado mal.

Llegó la noche. Me dieron de comer y, luego, me llevaron a un gran galpón, para que durmiera. Les aseguro que no me fue posible. Mis problemas eran muy grandes como para poder dormir. Mi cabeza, que no era muy pequeña, estaba revisando uno a uno los momentos vividos durante los últimos días para ver si podía encontrar dónde había fallado.

Realmente no pude hallar nada.

Por la mañana, muy temprano, me encerraron en una jaula. Si bien no me trataban mal y me hablaban con mucho cariño, me estaban haciendo algunas cosas que no me gustaban.

Cada vez estaba más intrigado y enojado. ¿Qué pasaba? Imagínense, uno no era una cosa. Hubiese sido bueno saber cual era la intención, pero no podía echarle la culpa a nadie, porque ellos no sabían que, si me explicaban en detalle, yo, quizás,  hubiese podido entenderlo.

Cuando ya estaba por salir el sol, subieron la jaula a un camión. Ahora entendía menos que antes. Me estaba asustando. ¿Qué querrían hacerme? ¿Mi nueva familia  me habría engañado y no eran tan buenos como parecían? ¡No lo podía creer!

Mientras pensaba esto, el camión partió.  A través de las rejas de la jaula, comencé a ver que dejábamos el pueblo e íbamos por una ruta.

Al principio estaba muy nervioso. Después, pensé que así no ganaba nada, que a su debido tiempo me enteraría.

De pronto, me di cuenta de que estábamos recorriendo el mismo camino que cuando íbamos o veníamos de vacaciones. Otra vez  estaba ansioso por saber que estaba pasando. ¿Habrían encontrado a mi anterior familia y me estaban enviando con ellos? ¿Me estarían buscando una nueva casa?

Bueno, realmente, no entendía. Tendría que esperar para saber cual sería mi destino. Estaba cansado, la noche anterior no había dormido pensando en que era lo que sucedería.

Resolví ponerme a dormir y esperar los acontecimientos. Y, aunque no lo crean, lo logré. Deben haber pasado algunas horas sin que me  diera cuenta.

De repente, me despertaron. Noté que el camión estaba parado al costado de la ruta. Otra vez la incertidumbre. ¿Por qué habrían parado? ¿Me dejarían allí?

Si así fuera ¿qué sería de mi vida? ¿tendría que volver a vagar por las calles, en este caso por el campo, sin un lugar abrigado donde dormir y sin nada para comer?

En realidad, aunque yo no lo sabía, no era así. No me iban a dejar ahí. Sólo pararon para darme  comida y agua. También para que levantara mi pata y para que hiciera algo de ejercicio, ya que la jaula no era del todo cómoda.

Cuando terminé, me encerraron nuevamente; el conductor volvió a la cabina del camión y seguimos nuestro viaje, sin volver a parar.

Cerca del mediodía, llegamos a la gran ciudad en la que había nacido. Luego, volvimos a salir de ella por otro camino. Verdaderamente, no entendía nada, pero como había resuelto aceptar lo que fuera, trataba de no ponerme nervioso.

Más tarde, llegamos a otro lugar. Era una hermosa zona, con muchos chalecitos. En general, tenían bellos jardines. Nunca había estado en ese sitio.

Al fin, el camión paró. Lo hizo delante de un bonito chalet. Al frente tenía rejas, aunque no muy altas. Tanto allí como a ambos lados de la casa había plantas y césped.

El conductor bajó y tocó el timbre. Al mismo tiempo, el acompañante  abrió la jaula y me hizo bajar.

Cuando ya me encontraba fuera del vehículo, aparecieron... ¿No se imaginan quienes?

Bueno, chicos, hoy estoy un poquito intrigante y los voy a dejar con la duda hasta la próxima vez que nos veamos. Es un gustito que quiero darme. ¿Me lo permiten? ¿Van a ser buenos? ¿Sí? Se lo agradezco.

Nos vamos a ver pronto ¿No?

 

costa

La costa