¡Qué alegría!

 

¡Buen día, chicos! ¿Saben? Hoy estoy muy, pero muy contento.

Yo sé que ni siquiera se imaginan cual es el motivo.

Les cuento: Lo estoy  porque hoy, después de muchos años, volví a encontrarme con Gypsy.

Sé que no entienden nada. Se deben preguntar como hice para encontrarme nuevamente con ella.

Bueno, la culpa de que no entiendan nada la tengo yo, pero, a veces, no quiero ponerlos tristes y trato de contarles cosas lindas, omitiendo lo que pueda afligirles.

¿Se dieron cuenta de que últimamente no les había vuelto a hablar de Gypsy?

¿Lo habían notado? ¿No? Bueno, les cuento:

Hacía mucho tiempo que ella y yo no nos veíamos. Desde la última vez, habían pasado años.  No fue porque nos enojamos, ni porque uno de los dos fue cambiado de casa. No.

Lo que pasó fue que, después de estar juntos algunos años, Gypsy comenzó a sentirse mal. Los primeros días, ni los papás, ni los chicos, se dieron cuenta de lo que estaba sucediendo.

Yo lo había notado, porque ella ya no quería jugar y no me hacía tantos mimos. Se quedaba acostada en un rincón, muy quieta, y dejaba que yo la mimara, siempre que no tocara su panza.

Me daba mucha tristeza verla así y no saber como ayudarla. Me desesperaba por tratar de hacer que nuestra familia notara lo que yo estaba viendo, pero ya les dije que nosotros, los pichichos, estamos más alerta que los humanos para detectar algunos problemas.

Pasaron algunos días antes que ellos lo advirtieran. La que se dio cuenta fue la niña. Como Uds. ya saben, ella era la que más la mimaba.

Cuando se lo dijo a los papás, éstos, enseguida se la llevaron.

Cuando Gypsy volvió, me enteré de que habían ido a ver a un doctor para animalitos. La había revisado y había dicho que algo había que hacer, porque el problema era bastante serio.

Ella seguía quieta, aunque no se la veía demasiado mal.

Después de unos días volvieron a llevarla. Horas más tarde, regresaron con Gypsy, que ahora se encontraba algo dormida.

La pusieron en un rincón tranquilo y le hicieron muchos mimos. Cuando pude verla bien, me di cuenta que tenía su panza con una herida. Luego me enteré que la habían operado para tratar de sanarla.

Pasaron algunos días y Gypsy se puso bien. Su panza volvió a estar como si nada hubiese sucedido y nuestra vida volvió a la normalidad.

Seguíamos jugando, mimándonos y  siendo amigos, siempre y cuando yo no me enojara con ella, en un ataque de celos, porque a ella le hacían más mimos que a mí.

¡Uds. no saben cuánto la quería! Era muy buena.

Desde ese momento, la cuidé más que nunca y casi siempre estábamos juntos. Digo casi siempre y no siempre, porque  cuando yo me portaba mal, Gypsy, que era distinta, se alejaba de mí. Ella no quería problemas. En eso sí que no éramos iguales. Lo reconozco, pero creo que se debía a que ella, hasta ese momento, había tenido una vida sin ningún tipo de problemas.

Si bien también había cambiado de casa, ella no se había perdido. Siempre había tenido buena casa, buena familia y buena comida. Su segunda familia había sido la que ustedes conocen por lo que les he contado y con ella estaba muy a gusto, como lo estuve yo.

Su anterior familia, que también tenía niños, había sido muy afectuosa con ella, pero la habían adoptado cuando era muy pequeña, sin saber que llegaría a ser tan grande. Cuando Gypsy creció, el departamento donde vivían les había resultado chico y trataron de encontrarle una nueva familia.

Así había llegado ella a la casa donde estábamos. Un día me había contado que, cuando la trajeron en el auto, se había asustado mucho porque era la primera vez que viajaba. Nunca se había atrevido a subir a uno.

Sus patitas habían temblado de miedo. Había llegado a su nuevo hogar y se había quedado tirada en un rincón, muy asustada. Recién al día siguiente, cuando había visto que le hacían muchas caricias, había comenzado a tener confianza y a aceptar su  familia.

Después de un tiempo, ya no habría aceptado que la sacaran de allí.

Había tenido mucha suerte. Posiblemente si yo hubiese tenido siempre la misma suerte, también sería distinto.

¡Bueno! Risitas, no. ¿Qué quieren que diga? De alguna manera tengo que defenderme.

Les sigo contando como Gypsy y yo nos separamos.

Pasaron muchos meses, hasta que un día, Gypsy se despertó muy rara. Daba vueltas alrededor de sí misma. Parecía que quería morderse la cola. Después se le aflojaban las patitas y se caía.

Llamaron al doctor que la había curado la vez anterior, pero con cuidado y tristeza, les dijo, sin que los niños se enteraran, que ya no podía hacer nada, que ella estaba muy mal y que iba a morir.

Al rato, Gypsy nos dejaba. Todos estábamos muy tristes y la familia entera lloraba la pérdida. Ellos la habían querido mucho, pero eso era parte de la vida y, además, ella estaba sufriendo demasiado como para pedir que siguiera al lado nuestro. Claro que en ese momento yo no pensaba así, pero luego, más tranquilo, lo fui aceptando.

Así fue que no la vi por muchos años.

Cuando llegué aquí, comencé a buscarla. No podía dar con ella. Trataba de encontrarla, pero no me era posible. Quizás, en mi desesperación, haya pasado muy cerca, sin verla.

Pero, hoy, por fin, nos encontramos. Sucedió por la mañana, muy temprano.

No la estaba buscando. Como pasa muchas veces, mi mente estaba en otra cosa. En realidad, pensaba qué les contaría hoy. Quería contarles algo lindo, que les gustara. No quería hablar de  ninguna travesura. Yo sé que a Uds. les divierten, pero pienso que no son un buen ejemplo.

De repente, sin querer, mis ojos se posaron en otros que  me llamaron la atención. De inmediato la reconocí. ¡Era Gypsy! ¡Mi búsqueda había terminado!

Ella también me reconoció. Corrimos uno hacia el otro, moviendo nuestras cortadas colitas y ladrando como cachorros.

¿Se imaginan la alegría de ambos? ¡No lo podíamos creer!

Ella me contó que mientras yo vivía en la tierra, siempre me había acompañado desde el lugar donde estaba, pero que un día me había perdido, sin saber cuál era el motivo. Recién ahora lo entendía. Yo también había dejado ese mundo.

Conversamos un montón. Le conté sobre Uds. Me dijo que vendrá a conocerlos, porque si son mis amigos, también lo serán de ella.

Les puedo asegurar que ya nada podrá separarnos.

Creo que hoy les he contado cosas muy tristes, pero también sobre mi gran alegría.

Para no entristecerse, deben pensar en lo feliz que me siento ahora y que se hizo realidad algo que esperaba desde hace muchos años.

Hoy les voy a dejar con una gran sonrisa. No se pongan celosos. Piensen que me voy a encontrar nuevamente con Gypsy.

¡Estoy muy feliz! Los quiero mucho.

¡Ah! Me olvidaba. Así era Gypsy. ¿No era hermosa?

 

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