Pequeñas vacaciones

 

 ¡Hola amiguitos! Hoy vengo a despedirme por unos días. Mi familia está preparándose para irse de vacaciones.

Como Uds. saben,  la sigo queriendo a pesar de que ya no me ven cerca de ellos. Siempre los vigilo y trato de que, dentro de mis pobres posibilidades, no les pase nada malo.

Por eso, año tras año, me mantengo atento para no perderlos de vista y acompañarlos, aunque ellos no lo sepan.

El año pasado, estaba algo distraído y se me escapó que los papás estaban preparando sus valijas.  De repente, vi todo listo para el viaje. Me dije: No los puedo dejar solos… y me fui tras ellos.

Si no les molesta, hoy les voy a contar sobre esos días de descanso. Cuando lo hago me siento muy feliz.

Después de haber pasado muchos años, mi familia ya no es la misma. Los niños ya no son niños, sino personas mayores. Todos se han casado. Cada uno vive en una casa distinta, con sus propios niños.

¡Cuánto disfrutaría si pudiera jugar con ellos! ¡Son tantos! ¡Cómo me gustaría recibir sus caricias!

Pero, claro, no me han conocido y por eso no se van a acordar de mí.

¡No! ¡Realmente no es así! Si bien no me conocieron físicamente, sus padres no pueden olvidarnos y les han hablado mucho de Gypsy y de mí. El cariño que nos teníamos era muy grande y las cosas que yo hacía no eran para olvidarlas fácilmente.

Me parece que estoy viendo unas pícaras sonrisas. ¡Está bien! Siempre he reconocido que era un diablillo, así que ahora no lo voy a negar.</

Les sigo contando sobre mi viaje:

Como ya les dije, me fui tras ellos. Después de un rato, vi que paraban frente a la casa de la niña (ahora convertida en mamá).

Dos de sus pequeños hijos subieron al auto de sus abuelos y, el resto, a su propio auto. Presumí que también se iban de paseo por unos días. No me equivoqué.

Salieron a la ruta y, después de algunas paradas, llegaron a la orilla del mar.

No era exactamente el sitio donde me encontré con ellos la primera vez, pero era un lugar muy cercano y muy parecido.

Me dio mucho gusto estar nuevamente allí. Algunos recuerdos de la vida en la zona no eran buenos, pero otros eran maravillosos.

No puedo olvidarme de mis corridas hacia el mar. Mis carreras en sentido contrario. Los juegos con mis amigos. Los paseos con los chicos.

¡Qué lindo era!

Como ya no podía hacerlo físicamente, trataba de imaginarme que lo estaba haciendo.

Cuando acompañaba a los niñitos a la playa, me alegraba con sus juegos y sus gritos. Imaginaba que no habían pasado los años, que yo estaba jugando entre ellos y que los que jugaban no eran ellos, sino sus papás que todavía eran chicos.

Sentía mucha nostalgia, pero me deleitaba con lo que estaba pasando, así que no lo pasé nada mal.

Pasaron los días y, de repente, vi que preparaban otra vez valijas y bolsos. Entendí que era la hora de volver. Y...no estaba errado.

Volvimos a la gran ciudad, pero no me quedé mucho en ella.

Casi de inmediato, vi que en la casa de otro de los niños preparaban valijas y bolsos. Esta vez no estaba distraído. Me di cuenta de que ellos también se iban a algún lado y decidí acompañarlos.

Fueron cerca de donde habían estado sus padres. Allí, experimenté lo mismo que había sentido unos días antes y, también, lo pasé bien. Las vacaciones son lindas para todos. ¿No es así?

Cuando volvimos, noté que la familia del otro niño, ahora también adulto, se iba de vacaciones.

Estaba un poco cansado, pero no pude con mi genio. Debía acompañarlos. Sólo así me sentiría más tranquilo. Y...lo hice.

Una vez allí, me olvidé de mi cansancio y lo pasé muy bien. Me sentía como que había cumplido con un deber que no podía esquivar: Proteger a mi familia de la misma manera que lo hacía cuando estaba junto a ellos.

Sé que me entienden. Estoy seguro de que Uds. también quieren proteger a aquellos que aman.

Los extrañaré. Cuando esté de vuelta, les prometo que nos reuniremos y les seguiré contando mis diabluras.

 

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