Nuevos problemas

 

¡Buen día, chicos! Hoy no voy a contarles cosas lindas, pero fueron parte de mi vida y quiero que las conozcan.

Habían pasado varios años desde el día en que fui adoptado por mi nueva familia y dos o tres desde la muerte de Gypsy.

La mamá seguía enferma. En la casa se habían pasado momentos muy duros en los que se veían caer lágrimas de los ojos de todos aquellos que yo quería.

No puedo contarles bien lo que sucedió, porque no me era posible entender todo. Sólo sé que a ella, muy enferma, la llevaron en un auto y no regresó por mucho tiempo. La casa se llenó de familiares que yo conocía.

Todos los días iban a verla al sanatorio y traían noticias, las que eran cada vez peores. Después de aproximadamente una semana, algo había cambiado, porque, a pesar de la tristeza, las conversaciones eran menos pesimistas.

Casi un mes más tarde, cuando estaba dormitando en el jardín, oí el motor de un auto. Miré hacia la calle y vi que se estacionaba frente a la casa. De él, bajaron el papá y la mamá.

Pueden imaginarse mi alegría al verla después de tanto tiempo. Me retorcía de placer. Quería ir a su lado, dar brincos y abrazarla con mis patas, pero me contuve cuando noté que todavía estaba algo enferma y que podía hacerle daño.

Pasó un tiempo y todo volvió a la normalidad, aunque la mamá seguía teniendo problemas de salud.

De pronto, empecé a oír cosas que me inquietaron, como:

-        Vamos  a tener que mudarnos a la ciudad para estar más cerca en caso de que no te sientas bien y me necesites.

o

-        Llamé para preguntar por varias casas, pero no hay ninguna que esté dentro de nuestras posibilidades.

-        ¿Tendremos que irnos a un departamento?

-        Parece que sí, aunque no me gusta nada.

Un día, cuando volvieron los papás, que habían salido, se reunieron con los chicos y les dijeron:

-        Bueno… no hemos conseguido ninguna casa que esté dentro de nuestro presupuesto y se adapte a nuestras necesidades. Hoy vimos un departamento que nos va a servir.

-        Pero,  que vamos a hacer con King. El no está acostumbrado a vivir así.

-        Es un tema que hemos tratado de resolver. Por ahora no encontramos una solución. Quizás, entre todos lo logremos. El edificio no está terminado y tenemos varios meses para hacerlo.

Como pueden suponer, lo poco que podía entender no me ayudaba a estar contento, pero siempre pensé que no me iban a dejar nuevamente en la calle. Ya éramos una familia y sabía que me querían.

Los dos o tres meses siguientes fueron distintos a los que se habían vivido antes. La familia juntaba cosas que decía que ya no le servirían y las entregaba a algunos vecinos que podrían utilizarlas.

A veces, tomaban mi cabeza entre sus manos y me acariciaban, mientras sus ojos dejaban escapar una lágrima.

Ese era un lenguaje que, quizás, me quisiera decir mucho, pero que yo no estaba capacitado para entender.

En uno de nuestros paseos, el papá me llevó a la casa donde había pasado encerrado uno o dos días.

Apretó el botón del timbre. La señora que me había dado comida para que me quedara con ella, abrió la puerta. Yo me puse muy nervioso. No entendía nada.

El papá la saludó y habló con ella algunas cosas que no pude interpretar. Ella le dijo:

-        Me gustaría mucho, pero, lamentablemente, no puede ser. Mi esposo falleció y mi hija se casó. En ocasiones voy a visitarla y me quedo varios días en su casa.

Él le respondió:

-        No sabe cuanto lo lamento. Estoy seguro que iba a estar muy bien cuidado.

Ambos se saludaron y terminamos nuestro paseo, regresando a nuestro hogar.

No había entendido todo lo que se había hablado, pero nada de lo que sí había captado me ayudaba a ser optimista con respecto a mi futuro.

Una vez que ingresamos a la casa, me fui a acostar en un rincón y traté de no escuchar nada más para evitar seguir acumulando motivos para estar triste.

Creo que por hoy es suficiente. Recordar estos momentos me llena de angustia. Nos vemos.

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