¡No lo podía creer!

 

¡Buen día amiguitos! Estoy nuevamente con Uds.

Hoy quiero contarles algo divertido... Bueno, divertido ahora que lo cuento, pero no lo vi así en ese tiempo. Fue algo tan raro, que no lo van a poder creer.

Un lindo día de primavera, a la hora de la siesta, me encontraba en el interior de la casa con la mamá, los niños y Gypsy. De pronto, descubrí, a través del ventanal del frente, algo que conocía del campo. ¿Saben que era?

¡Una vaca! Sí, una vaca y estaba suelta.

Algunas veces, cuando me llevaban a pasear hasta la ruta que se encontraba a unas cuadras de allí, las veía pasar en camiones. Pero, jamás había visto una suelta cerca de mi hogar.

Parecía aterrada. Quizás, porque detrás de ella venía, corriendo, un hombre que intentaba atraparla.

Como el portón de acceso estaba abierto, la vaca entró al jardín. Me puse furioso. Con mi carácter y queriendo la familia como yo la quería, no podía aceptar semejante atropello.

Mientras me dirigía hacia el comedor diario, donde estaba  la puerta que daba al costado de la casa, comencé a ladrar, tratando de ahuyentar a la vaca y al hombre, que también había entrado. Ella se puso peor. 

La mamá  y los niños, que estaban durmiendo la siesta y se despertaron con el alboroto, no entendían nada.

Ellos le preguntaban a su madre:

-        ¿Qué pasa, mamá?

-        No sé, chicos. Por las dudas, no salgan del dormitorio. Esperen allí que voy a ver.

Desde adentro se oía a un hombre gritar:

-        ¡Cierren la puerta!  ¡No la dejen entrar!

Lo que ese señor no sabía era que la puerta del garaje, que estaba ubicado al final del terreno,  no se podía cerrar desde el interior de la casa y que nadie de la familia estaba dispuesto a salir de ella sin averiguar primero que es lo que estaba sucediendo.

Mientras el hombre gritaba, yo ladraba. Gypsy, que también se había despertado con tanto ruido, me acompañaba con sus ladridos. Al mismo tiempo, yo intentaba salir, pero la puerta estaba cerrada, así que no me era posible.

Furioso me arrojaba contra ella, pero no podía abrirla. La ventana estaba abierta, pero tenía rejas que no me dejaban pasar.

Deseaba que alguien me entendiera y me liberara para poder hacerle saber a la vaca que había elegido mal el lugar para entrar.

¡Esa era mi casa y no estaba dispuesto a permitirle quedarse!

Mientras tanto, la mamá se había acercado a la ventana para ver que pasaba. Recién en ese momento lo entendió, pero ella no podía hacer nada. Era imposible salir al jardín sin pasar cerca de la vaca.

Ésta, muy asustada por los gritos y los ladridos, entró al garaje y, de allí, pasó, por otra puerta, al fondo de la casa.

Yo estaba cada vez más furioso y desesperado porque no podía salir. La familia no entendía que yo quería ayudar a cuidar nuestro hogar y echar a los intrusos (la vaca y el hombre).

Bueno, quizás sí entendían pero no querían que me arriesgara.

Aunque esto no lo vi así desde el primer instante.

¡No! ¡Sin duda que no! Sólo lo hice después de unas horas, cuando ya me había tranquilizado.

Les sigo contando...

Me fue imposible salir. No pude hacer nada que no fuera asustar cada vez más a la intrusa. Ella trataba de escapar, pero ya no tenía hacia donde hacerlo. Estaba encerrada en el fondo. Por esa razón, el hombre pudo atraparla con un lazo que había traído y se la llevó.

Después que ambos se fueron, la familia salió a mirar si la vaca había roto algo. Por supuesto, ni bien abrieron la puerta, fui al jardín, pero ya no podía hacer nada.

Más tarde, escuché a la mamá hablar con una vecina, la que le decía:

-        Un camión, que iba por la ruta y transportaba vacas,  volcó y los animales, muy asustados, se fugaron en varias direcciones.

-        ¡Pobrecitas! –le contestó la mamá- Pero... ¿Justo tenía que entrar en mi casa?

Recién allí me di cuenta de que la pobre no había estado intentando nada malo, sino que estaba tan aterrorizada que no sabía para donde ir.

Y, aunque no me crean, sentí lástima por ella. En ese momento la entendí.

Eso no quiere decir que estuviera dispuesto a permitirle quedarse, pero creo que tampoco esa era su intención. El lugar no era muy cómodo. En el campo iba a estar mucho mejor.

Lo más importante de lo sucedido, fue que me permitió demostrar a mi familia que estaba decidido a todo por defenderlos y ¿saben? cuando se dieron cuenta de ello, nos hicieron, a Gypsy y a mí, muchas más caricias que de costumbre y nos sirvieron una comida muy especial.

¡Valía la pena!

Había pasado un mal momento, pero el premio había sido grande.

Bueno chicos, los tengo que dejar. Nos vemos pronto.

 

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