Mis relaciones con Gypsy

 

 ¡Hola amiguitos! ¿Cómo les ha ido? Oh…veo una cara triste. Cuéntame que te pasó.

¿Qué te han retado tus padres? ¿Te has portado mal? ¿Sí?

Piensen siempre que papá y mamá los quieren mucho y que, cuando los retan, es sólo para enseñarles  lo  que es correcto.

Y ahora les sigo contando algo más de mi vida.

Después de varias horas de estar en mi nuevo hogar, llegó la noche. No sabía dónde la iba a pasar.

Como les conté, afuera había una casita. Esa era una posibilidad. En realidad, no me gustaba nada, pero, si así lo decidían, no iba oponerme porque estaba dispuesto a portarme bien.

Con mucha sorpresa y alegría, vi que ese no era mi destino, ya que cerraban las puertas con llave y  yo quedaba adentro.

Como nadie me dijo donde tenía que acostarme, decidí hacerlo donde me parecía mejor. Miré alrededor. En la casa había un pasillo al que daban todas las puertas de las habitaciones donde dormían los miembros de mi familia.  Pensé que esa era una excelente ubicación.

¿Saben por qué? Realmente les había tomado mucho cariño y quería cuidarlos. Estando allí nadie podría pasar sin que lo notara.

Gypsy, todavía estaba un poco nerviosa por mi presencia.  No había forma de hacerle entender que no pensaba perjudicarla. Ella decidió irse a dormir a la habitación de los niños, donde parecía que acostumbraba hacerlo. Era su decisión y no podía oponerme. Como estaban las cosas, tampoco me lo hubiese permitido.

Al día siguiente, muy temprano, se levantaron todos. Nos hicieron caricias, retribuyendo nuestras muestras de alegría, desayunaron y, luego, partieron.

Quedamos en la casa sólo la mamá, Gypsy y yo. Pensé que era un buen momento para acercarme. Primero, me esquivaba. Luego, me dejó acercarme un poquito más. No obstante, no aceptaba mi intención de jugar con ella y, mucho menos, mi idea de mimarla.

Estaba desesperado por hacerlo. No se olviden que les dije que era un Don Juan y que me gustaban todas. Además, ella era hermosa y dulce. Pero me estaba dando cuenta de que no iba a ser muy fácil conquistarla y, mucho menos, formar una familia con ella.

Al mediodía, me sirvieron la comida, la que comí con apetito. Después de un rato, llegaron los tres niños, los que nos volvieron a mimar.

A Gypsy, eso no le gustó nada y la situación se puso muy tensa. Traté de demostrar poco interés en ella para ver si eso me daba resultado. Les confieso que  tenía que hacer un gran esfuerzo.

No conseguí el efecto deseado.

Así pasaron varios días. A veces, creía que iba a cambiar, pero, al rato, todo volvía a ser como antes. Me dirigía algunas miradas que parecían de desprecio, especialmente después de que alguno de los niños me acariciaba o jugaba conmigo.

Un día, me animé y le propuse formar una familia y tener cachorros. ¿Saben cuál fue su respuesta? ¡No se lo imaginan! Se sentó sobre sus patas traseras, me miró como si quisiera decirme que estaba loco y se hizo la enojada. ¿Por qué digo que se hizo y no que estaba enojada? Porque así me pareció y pude comprobarlo algunos días después, cuando ante una nueva propuesta resolvió aceptarla.

En esa oportunidad fue cuando yo le daba besitos y ella me respondía de la misma manera. Desde ese momento, dejé de dormir solo. Gypsy me hacía compañía.

Durante el día, ambos jugábamos con los chicos. Aunque ella seguía siendo más mimada por la niña y yo por los niños.

Todos los días me sacaban a dar un paseo. No me dejaban hacerlo solo y libremente, como lo hacía cuando estaba sin familia en la playa, pero igualmente lo disfrutaba.

Lamentaba que Gypsy no nos acompañara, pero a ella le daba temor salir. No le gustaba el ruido que había en la calle.

Cuando volvíamos, nos recibía con mucha alegría, lo que demostraba moviendo su pequeña colita.

Por fin había logrado ganar su corazón. Realmente nos quisimos mucho. Era, como había pensado desde el comienzo, una gran compañera.

Como les dije muchas veces, era hermosa y ya era toda mía. No iba a compartirla con ningún otro.

Perdonen que insista siempre sobre lo mismo. No puedo evitarlo.

Se ha hecho tarde. Mañana  nos encontramos y espero no ver a ninguno de Uds. con los ojos llorosos. Eso me entristece mucho.

 

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Gypsy y los canarios