Mi presentación

 

Guau... guau... guau... ¡Oh...! ¡Qué tonto soy!  No recordé que ellos no entienden este lenguaje.  A ver si me salen algunas palabritas. Parece que sí.

¡Hola amiguitos! ¿A qué juegan? Saben, hoy me sentía un poco triste y solo. Por eso quise venir a conversar con Uds.

No, esperen..... no se asusten. No me di cuenta de que Uds. no me conocen. Claro, para mí es todo tan normal que muchas veces olvido que no lo es para los humanos.

¿No me entienden? Otra vez metiendo la pata y....... tengo tantas para meter...

Bueno... Les voy a explicar un poquito para que no me tengan miedo y me acepten como un nuevo amigo.

Un día, hace ya mucho tiempo, me acosté al sol para dormitar. A pesar de que era invierno y que, allí en el campo, donde estaba, hacía mucho frío, con el calorcito del sol calentando mi cuerpo, me sentía muy bien. Después de un tiempo, decidí que era hora de hacer un poco de ejercicio y, luego, pasar por el plato de la comida para ver que tenía para llenar mi estómago.

Pero... quería moverme y no podía; quería abrir los ojos y no me respondían. No entendía que me estaba pasando. Me dolía no saber eso porque siempre me sentí un perro muy especial, muy inteligente.

Por último, logré entenderlo. Mi vida había llegado a su fin. Pero… no quería irme definitivamente. Quería poder acercarme a aquellos que me habían mimado. ¿Cómo podía hacer para conseguirlo?  No era tarea fácil. Muchas veces había oído decir que nosotros, los perros, no tenemos espíritu y, por lo tanto, no tenemos vida después de la muerte. Siempre lo acepté porque, sobre eso, era yo el que no entendía nada.

Sólo sabía que mi cuerpo ya no me respondía y que si no tenía espíritu no era posible dejarlo aquí.

Una y otra vez me preguntaba: ¿Qué puedo hacer? ¿Alguien  me dará una manito?

A veces,  también nosotros conseguimos algún permiso para darnos pequeños gustos. Y este fue uno de los casos.

¿Qué pasó? Bueno, mi cuerpo ya no estaba. Como les dije, dicen que nunca tuve un alma, por lo que sólo era posible que quedara en este mundo mi amor por todos aquellos que había querido durante mi vida. Y eso es lo que sucedió.

 Ese amor es el que sigue estando cerca de los que siempre me recuerdan y cuentan cosas sobre mí. Cosas buenas... y, bueno, también malas, porque hubo de todo, ya que, a veces, aunque no lo crean, hacía diabluras

Bueno...  No sé si me entendieron, pero veo que ya no tienen tanto miedo y vamos a poder ser amigos. ¿Me aceptan? ¿Sí?

Entonces, cada vez que nos encontremos,  les voy a ir contando pequeñas cosas de mi vida para que me vayan conociendo.

 

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