Mi decisión

 

¡Hola! ¿Pensaron sobre cual hubiese sido la mejor solución para mi problema?

Veo que algunos creen que era regresar a lo de Jacinto. Otros juzgan que quedarme a vivir en el campo.

Pero la mayoría considera que debía buscar la forma de volver a estar con mi familia.

¿Cuál fue mi decisión?

Les cuento…

Cuando supuse que me había alejado lo suficiente de la casa de José como para evitar que pudiera arrepentirse y saliera a buscarme, me detuve.

Me recosté sobre el pasto con mis ojos mirando en la dirección contraria a la que había estado corriendo, para divisarlo en caso de que me estuviera persiguiendo, y descansé un rato.

Después de un tiempo dejé de sentir la angustia  y los temblores que me acompañaban desde el momento en el que había salido de esa casa que tanto temía y odiaba.

Busqué un lugar donde tomar agua. Por suerte, cerca de allí, encontré un arroyito en el que pude saciar mi sed.

Cuando sentí que mi mente ya estaba en condiciones de comenzar a trabajar normalmente, me puse a reflexionar sobre cual sería la mejor opción entre las que les mencioné.

¿Y saben una cosa? ¡Quiénes  preferían que tratara de encontrar a mi familia son los que acertaron!

Eso no iba a ser fácil. No sabía dónde se habían mudado. Ya no estaban en el lugar donde pasé los mejores momentos de mi vida, junto a ellos y a Gypsy.

Había escuchado que vivían en la gran ciudad. Iba a ser imposible encontrarlos entre tantas casas y gente.

Sólo había pasado por allí una vez y me había impresionado con su tamaño, a pesar de que no la habíamos recorrido toda.

Haciendo trabajar al máximo mi cerebro, le encontré una solución.

Resolví volver a mi antigua casa. Seguro que si alguno de los amigos o vecinos de mi familia me veía, les avisaría y vendrían a buscarme.

Esa parte estaba resuelta. Ahora me quedaba resolver otro gran problema:

¡No sabía como llegar allí!

Pensé que como conocía la dirección en la que marchaba el auto de la familia cuando se iban, debía acercarme a la ruta y seguir ese rumbo.

La carretera estaba muy cerca, por lo que no me resultó nada difícil llegar a ella.

Desde allí comencé el camino hacia lo que creía que sería la felicidad.

Después de algunas horas de andar, sentí sed y cansancio. De alimentarme, ni me acordaba. Parecía que el apetito, que fue el causante de mi último enojo, había dejado de ser un problema. Mi estómago ya no reclamaba comida.

El deseo de localizar a mi familia había matado el de comer.

¡Seguro que a ustedes también les pasa! Cuando comienzan a pensar en obtener algo, se olvidan de lo que deseaban con anterioridad. ¿No es así?

Bueno… pero no pude olvidarme de todo. La sed no me permitía seguir. Busqué donde tomar agua.

Cuando lo logré, comencé con mi otra necesidad:

Descansar.

Estaba jadeando, mi lengua se había estirado hasta el máximo que daba y ya no estaba babeando sólo porque unos minutos antes había tomado agua.

Además, estaba tan cansado que mis patas no me respondían.

Resolví acercarme a un pequeño bosque que se encontraba a pocos metros de allí y descansar hasta que me sintiera en condiciones de seguir mi camino.

Sin darme cuenta, me quedé dormido hasta el amanecer del día siguiente.

Cuando desperté, mis vísceras me demostraron que no habían olvidado lo que era alimentarse.

¿Cómo lo hicieron? Protestando como seguramente lo hacen las de ustedes en similares ocasiones.

Miré alrededor. No vi nada comestible. Un poco más lejos, divisé una casa.

Supuse que allí podría encontrar algo. Con temor porque no sabía con lo que me podía encontrar, me fui acercando.

Dos pichichos salieron a recibirme. Pensé que iba a tener que defenderme, pero no fue así.

Se acercaron a mí, me olieron como lo hacemos cuando queremos reconocernos y permitieron que yo también lo hiciera. Movieron sus colas como signo de bienvenida, recibiéndome como si fuera un amigo de toda la vida.

No crean que eran perros conocidos o tontos. Lo que pasó fue que los que salieron a recibirme no eran dos perros adultos sino dos cachorros.

Como ustedes saben, a los cachorros sólo les interesan los juegos.

Lamentablemente, en esta oportunidad no pude darles el gusto. No estaba con ánimo.

Si bien los desairé, ellos no reaccionaron mal. Siguieron a mi lado sin molestarse por mi intromisión en su territorio.

Junto a ellos, me fui acercando a la casa.

Cuando estábamos bastante cerca de ella, descubrí dos recipientes. Uno contenía comida y otro agua.

Seguramente eran los que utilizaban ellos para alimentarse.

Pensé que si me acercaba a su comida iban a enojarse, pero me equivoqué.

Ellos todavía no habían desarrollado totalmente su sentido de la propiedad o estaban tan satisfechos que ya no les interesaba que tomara una parte de su alimento.

Comí todo lo que pude. Luego bebí agua.

Una vez que terminé de hacerlo, me alejé de la vivienda rumbo a la ruta.

Ellos me acompañaron hasta el límite del campo donde estaban y allí se quedaron mirando como me apartaba.

Bueno… Lo lamento pero van a tener que esperar para poder seguir conociendo como sigue mi historia, porque me voy a tomar unas pequeñas vacaciones.

Puede ser una buena noticia, si es que no les gustó el relato de mi vida, o mala, en el caso contrario.

Espero que sí les haya gustado. Para mí fue muy lindo poder estar acompañado todo este tiempo.

Los dejo pidiéndoles perdón por esto.

   

 

mi_decision

Durmiendo en el bosque