Lindas historias

 

¡Aquí estoy! ¡Seguro que me estaban esperando! ¡No! No me miren así. No soy un engreído. Sólo era una broma. En realidad soy yo el que espera con ansias la hora de nuestros encuentros.

Hoy voy a contarles dos historias que no tienen nada que ver con mi vida, sino con las de otros pichichos como yo, pero a los que nunca había visto.

Una de ellas, la presencié ayer, cuando deambulaba por la ciudad.

En una esquina, vi un grupo bastante grande de gente. Mi curiosidad no me permitió seguir de largo.

Cuando me acerqué, observé que, cerca de ellos había un carrito, de esos que utilizan para juntar papel, cartones y botellas.

Junto al mismo, se encontraba un perro que mostrando sus dientes y ladrando, no permitía que ninguna persona se le acercara.

Intrigado, traté de enterarme de que era lo que había sucedido. Como saben, no puedo hacer preguntas y sólo ustedes pueden verme, por lo que me quedé y escuché los comentarios de la gente.

Así supe que ese pichicho, al que conocían por Negrito, desde cachorro acompañaba al dueño del carro, mientras éste hacía su recorrido recogiendo lo que la gente desechaba.

Siempre se los había visto muy juntos. Se notaba que se tenían un gran cariño.

Ese día, al llegar allí, el hombre se había sentido descompuesto, había dejado el carro, pidiéndole a su amigo, el perro, que lo cuidara. Tambaleando, había logrado sentarse en el cordón de la vereda, donde se había desplomado. El pobre animal, al verlo así se había asustado mucho y había comenzado a ladrar hasta que algunas personas se acercaron a ayudar.

Al rato, había llegado una ambulancia, la que se había llevado al hombre. Mientras tanto, él seguía cuidando lo que le habían encomendado.

Cuando ya estaba por irme, vi que un señor mayor se le acercaba y lo acariciaba. Él, en lugar de ladrarle, como hacía con el resto de las personas, comenzó a saltar y retorcerse de alegría.

Por los comentarios, me enteré que ese señor era el cartonero y que lo que le había pasado no había sido nada grave, sino sólo una descompostura producida por el esfuerzo de tirar del pesado carro en un día de mucho calor y que no había querido quedarse en el hospital para no dejar abandonados a su amigo y a su carro.

La otra historia es mucho más triste que la primera. En este caso no presencié lo que sucedió. Sólo lo conozco porque lo oí mientras observaba el otro episodio.

Allí, una mujer le dijo a otra:

-        No puedo creer lo que estoy viendo. Nunca tuve  una mascota y jamás supuse que un perro fuera capaz de comportarse como lo está haciendo éste.

La otra, le respondió:

-        Mira, esto no es nada al lado de lo que me contaron el otro día en el hospital.

-        ¿Qué te contaron?

-        Junto al mostrador de la recepción hay un perrito. Como soy muy bichera, pregunté de quien era y me dijeron que no era de ninguno de ellos, sino que había pertenecido a un paciente que había fallecido.

-        ¿Por qué estaba allí?

-        La historia es interesante y triste. El hombre, una persona mayor, vivía solo en su casa. Un día, al salir al patio, cayó al piso, sin sentido. El perro lo notó y ladró hasta que una vecina se acercó para mirar que pasaba. Así vio al vecino y pidió ayuda. Una ambulancia lo trasladó hasta el hospital. El perro corrió tras ella y se quedó en la entrada del mismo, dado que no lo dejaban entrar. En ningún momento se retiró de allí. El personal del lugar le tomó cariño y comenzó a darle de comer. Días después, el anciano falleció y fue trasladado, utilizando otra puerta, al cementerio. El perro, todavía hoy, sigue esperando a ese hombre al que quería tanto, sin saber que nunca podrá volver a tenerlo a su lado.

-        ¡No lo puedo creer!

-        Yo tampoco. Creía que se trataba de humor negro, pero después de haberlo escuchado de distintas fuentes, no me quedó más que aceptar la historia.

Intrigado por lo que había escuchado, me llegué hasta el hospital del que habían hablado y allí pude conocer al pichicho.

Bueno… espero que mis historias, aunque algo tristes, les hayan gustado. No son más que ejemplos verdaderos de la amistad que puede unir a un ser humano con su mascota. Los dejo. La próxima vez seguiré contándoles sobre mi propia vida.

   

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Esperando a su amigo