Linda

 

Como les estaba contando, para encontrar el camino correcto, del que me había separado en un momento de distracción, pensaba volver al galpón en el que me refugié durante la tormenta.

Mi panza estaba llena, gracias a esa joven tan amable, por lo que tenía fuerza para caminar y, de vez en cuando, correr un poco.

Después de haber andado un buen rato, llegué a un lugar donde el camino se unía a otro y que, juntos, se trasformaban en un tercero, que era aquel por el que había estado marchando durante días.

Fue entonces cuando me di cuenta. Seguramente, cuando caminaba en busca de mi familia estaba un poco distraído y no noté que el camino se bifurcaba. En lugar de seguir por la ruta correcta, lo hice por la que no correspondía.

Siendo así, no era necesario retroceder más. Tomé por la que creía que era la adecuada y reinicié mi búsqueda.

Anduve varias horas. Cuando me sentí cansado, resolví buscar un bosque para dormir un rato y ver si había algo para comer. Esto último no era lo más importante, ya que mi estómago todavía no estaba protestando.

Cuando me desperté, volví a la vera de la ruta para seguir mi camino. Poco tiempo después, vi que un poco más adelante se detenía un auto y se abría la puerta del lado del acompañante.

Presté atención. Estaba intrigado y, no lo voy a ocultar, algo asustado, porque no sabía que podía pasar.

Noté que de él bajaba una señora con algo en sus brazos. Me pareció que se trataba de un bebé. Eso me tranquilizó. Si tenía un bebé en sus brazos no podía querer hacer nada malo, pensé.

Cuando lo apoyó sobre el terreno descubrí que no era un bebé, sino un perro.

Supuse que lo había bajado porque tenía alguna necesidad…

¿Me entienden, no?

Eso lo había vivido muchas veces en mis viajes en auto. Si se trataba de estar allí algunas horas, era común que me hicieran bajar para que levantara mi pata y …

Seguí mirando, sin acercarme. De pronto me quedé duro por lo que vi. ¡No lo podía creer!

La mujer subió al auto, dejando allí al perro. Cerró la puerta y el vehículo partió a gran velocidad.

Él comenzó a correr desesperado tratando de alcanzarlo.

Cuando se dio cuenta de que era imposible, se sentó al costado de la ruta fijando su mirada en la dirección por la que habían partido.

Corrí tratando de llegar a su lado. Fue en ese momento cuando descubrí que no se trataba de un perro sino de una linda perrita.

No entendía nada. ¿Qué había pasado? ¿Sería tan mala como para que la abandonaran de esa manera?

Me detuve antes de llegar para evitar que se asustara.

¡Qué linda era!

Comencé a aproximarme lentamente. Cuando estuve lo bastante cerca como para poder entablar una conversación, le dije:

-        ¡No te asustes! No tengo intención de pelear con un damita tan linda como tú.

-        ¡Oh! Menos mal. Ya tengo suficientes problemas como para buscarme otros.

-        Sólo me acerqué para tratar de ayudarte. Vi lo que pasó y no puedo entender nada.

-        Tampoco yo entiendo cual es el motivo por el que me dejaron y se fueron. Espero que vengan a buscarme.

-        ¿No sabes si pensaban dejarte?

-        No, sólo escuché en los últimos días que la mamá decía que ya estaba cansada de mí, que no la dejaba dormir porque ladraba cuando se acercaba alguien a la puerta de la casa, que nunca orinaba donde ella quería y no sé cuantas cosas más.

-        Pero ¿es verdad?

-        Si, pero ladraba porque quería cuidar la casa. Siempre pensé que esa era mi obligación.

-        Y… ¿orinar?

-        Nunca me enseñaron donde debía hacerlo o, por lo menos, jamás me di cuenta de ello.

-        ¡No importa! Aunque tuviera razón, no hay ningún motivo para hacer lo que te hizo. ¿Nadie te defendió?

-        Sí. La niña y el papá, pero ella siempre fue la mas fuerte y resolvía lo que se debía hacer. Parece que en la vida los más malos son los que ganan las batallas.

-        Yo no pienso así.

-        Sería bueno porque, en ese caso, podría tener la esperanza de que volverán por mí. No puedo creer que me dejen aquí. ¡Quizás quisieron darme un susto!

-        Espero que así sea.

-        Saben que no se como buscarme comida ni defenderme.

-        Por eso no te preocupes, yo ya aprendí a hacerlo y voy a ayudarte.

-        ¡Qué bueno! ¡Por suerte estabas aquí! ¿Vives cerca?

-        No, estoy de viaje.

Le conté los motivos por los que me encontraba allí y, luego, la invité a acompañarme hasta el bosque cercano, diciéndole:

-        ¿Quieres venir conmigo hasta el bosque? Quizás haya algo para comer.

-        Si está cerca, sí. No quiero irme lejos por si vuelven y, realmente, no tengo ganas de comer.

-        Es ese que se ve desde aquí.

-        Vamos. Te acompaño. Odio quedarme sola.

-        Quédate tranquila. No te voy a dejar sola… Te voy a cuidar. No me dijiste tu nombre. ¿Cómo te llamas?

-        Me llaman Linda.

-        ¡No podían haber elegido un nombre más apropiado! Eres hermosa.

-        ¡No me hagas avergonzar! No es para tanto. Sólo lo dices porque eres muy bueno.

-        Me tienes que creer. No te miento.

-        ¿Y el tuyo?

-        Me llamo King. ¿Te gusta?

-        Mucho.

-        Me alegro. Vamos a ser grandes amigos.

-        Ya lo somos.

Chicos, los dejo. Debo irme. La próxima vez les sigo contando. ¡Nos vemos!

 

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