La vuelta

 

¡ Hola amiguitos! Estoy de regreso. Los extrañé mucho.

Pero… para ser honestos, les diré que no lo pasé nada mal, ya que Gypsy estaba a mi lado.

Como veo caras nuevas, supongo que algunos de ustedes no conocen mi historia. Trataré de resumirles lo que relaté hasta este momento.

Bueno...  Mi nombre era King, un perrito (más bien un perrazo) raza boxer, según decían.

Un día  me acosté al sol para dormitar. Después de un tiempo quise seguir con mi vida normal, pero  quería moverme y no podía; quería abrir los ojos y no me respondían. No entendía que me estaba pasando.

Cuando lo logré, noté que mi existencia había llegado a su fin. Pero…. no quería irme definitivamente.

¿Qué podía hacer para conseguirlo?  No era tarea fácil. Muchas veces había oído decir que nosotros, los perros, no tenemos espíritu y, por lo tanto, no tenemos vida después de la muerte.

¿Qué pasó? Bueno, mi cuerpo ya no estaba. Como les dije, dicen que nunca tuve un alma, por lo que sólo era posible que quedara en este mundo mi amor por todos aquellos que me habían mimado. Y eso es lo que sucedió.

Cuando conocí al grupo que me acompaña desde hace mucho tiempo, decidí contarle mi vida, la que no fue nada fácil, como la de la mayoría de los seres.

Como todos, la empecé junto a mi mamá.

Luego, tuve una familia, la que me duró poco tiempo, ya que la perdí por no pensar en las consecuencias de lo que hacía. Me encontró otra familia, aunque diría que yo la encontré, porque estaba buscando, con desesperación, alguien que me adoptara.

Después de mucho tiempo, no porque no me quisieran, sino por situaciones duras que debieron vivir, se vieron obligados a dejarme en un campo para que me cuidaran hasta que pudieran solucionarlo.

Allí no vivía nada bien. Me cuidaban José y su familia.

Cuidaban es una forma de decir. Nunca me dieron amor. Me alimentaban tirándome lo que me servían.

¿Sería de este modo o yo lo veía así por comparación de las dos situaciones?

Unos días fui llevado por José a la casa de Jacinto. Allí estaba más contento, pero el papá, cuando me quiso visitar, se enteró y no estuvo de acuerdo.

Pensé que volvería con él, pero me llevó nuevamente a lo de José.

Como no me gustó hice algunas diabluras que irritaron a José, que llegó a querer matarme con su escopeta.

Intervinieron sus hijos y su esposa y decidió dejarme en libertad para que me fuera lo más lejos posible.

Pensé que lo mejor sería buscar a mi familia, aunque sabía que vivían lejos y no tenía la menor idea de cómo llegar.

Esta es la parte de mi vida que estaba contando cuando me tomé estas pequeñas vacaciones y es la que seguiré narrando la próxima vez que nos veamos.

 

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