Un atracón

 

¡Hola! ¿Cómo están? Hoy tienen  una cara que muestra un poco de alegría y otro poco de picardía. ¡Qué lindo es verlos así!

Bueno... voy a empezar a contarles otro momento de mi vida. Cuando termine, veré, por sus expresiones, que opinan sobre lo sucedido.

En verdad, hasta el día de hoy sigo pensando si estuve tan mal o si sólo se trató de un lamentable error.

Realmente, no tuve mala intención.

Les cuento... Ya estaba por empezar ese tiempo que llaman primavera. Como saben, yo no sé nada sobre el almanaque, pero los cambios de estación, tanto nosotros, como las plantas, los percibimos porque eso no tiene mucho que ver con el calendario, sino con el clima, cambios en nuestros organismos y otras cosas que no sé explicar. La mamá había mejorado y estaba ocupada en la cocina. Esta vez no estaba preparando mi comida, ya que todavía no era la hora.

Yo estaba acostado en un rincón, estirado y con mi cabeza apoyada sobre mis dos patas delanteras.

La miraba con atención. Quería saber que hacía y, además, después de los sustos que me había dado, la vigilaba más.

Vi que tomó cosas, como harina, huevos y agua. Las mezcló y las batió.

Después, colocó lo que había obtenido en dos recipientes de tamaño distinto y los puso dentro del horno,

Yo, entretanto, me alejé un poco porque no me gustaba el calor que salía de él.

Después de eso, se puso a preparar mi comida y la de la familia. Comimos y, por la tarde, vi que tomó los dos recipientes de los que le hablé y sacó de ellos su contenido.

Los cortó y los rellenó con cremas y dulces. Luego los encimó y echó sobre ellos algo que los cubrió.

A esta altura, ya se me estaba haciendo agua la boca. Nunca había probado algo así.

¡Que ganas tenía de darle un mordiscón!

Esperaba que cuando estuviera listo me dieran un trozo para probarlo.

¡Qué lástima! No fue así, sino que, cuando parecía terminado, la mamá lo llevó al comedor y cerró la puerta con llave.

Acabó el día y nos fuimos a dormir. Durante la noche soñé que estaba comiendo eso tan apetecible a lo que le llamaban torta de cumpleaños.

Al día siguiente, muy temprano, todos fueron a saludar al papá y le cantaron “Feliz cumpleaños”.

Yo, aunque decepcionado porque me di cuenta que lo de comer torta había sido un sueño, también participé con mis mimos. Uds. saben que los quería mucho y deseaba que se dieran cuenta de ello.

Más tarde, todo empezó a ser movimiento en la casa. Entre todos, armaron una mesa muy grande y colocaron muchas sillas alrededor. Luego, pusieron gran cantidad de platos, copas y cubiertos sobre ella.

Como no era la primera vez que ocurría eso, sabía que significaba que tendríamos visitas y que no lo iba a pasar muy bien, ya que, generalmente, cuando era así, me llevaban al fondo y me dejaban solo hasta que se iban.

Como todavía no habían llegado, paseaba por el jardín o entraba a la casa.

Cada vez que podía, trataba de ingresar al comedor.

¡Qué ganas tenía de ver la torta!

¿Estaría o se la habrían comido? Suponía que no, porque no los había visto hacerlo.

Varias veces me acerqué a la ventana del comedor para poder mirarla, pero las cortinas me lo impedían.

En una de mis entradas a la casa, noté que el papá se dirigía al comedor. Quise entrar, pero me lo impidió, cerrando la puerta, cuando la mamá le avisó que no me dejara.

¡Parece que me conocía!

En eso sonó el timbre. Afuera se oían voces. Noté que había llegado mucha gente.

Normalmente, me hubiese acercado a la puerta o a una ventana para ver quienes eran, pero ese día estaba obsesionado con otra cosa.

¿Se imaginan con qué? Sus caritas me dicen que acertaron.

Vi al papá salir del comedor para ir a recibir a las visitas. Cerró la puerta, pero no la trabó bien.

Como seguía interesado en ver la torta, la empujé  con mi trompa e ingresé.

¡Allí estaba! ¡Qué hermosa y tentadora era!

Miré a mi alrededor. No había nadie. Me dije: “No se van a enojar si me como un pedacito”

Me acerqué y puse mi hocico sobre ella y le di un pequeño mordisco.

¡Cuánta razón tenía! ¡Qué rica estaba! Me preguntaba como podía hacer para parar de comer.

Realmente, no pude. Me comí casi toda la torta, incluso el cartón que separaba ambos piso de la misma.

Cuando estaba en lo mejor, vi entrar al papá, que se había dado cuenta de lo que estaba pasando. Detrás de él, ingresó la mamá y, luego, el resto de la familia.

Todos estaban enojados. La mamá lloraba. El papá me retaba, pero trataba de calmarla.

No sabía donde esconderme. Me fui al dormitorio de los niños y me metí debajo de una de sus camas.

Desde allí vi a la mamá que no estaba bien. El disgusto hizo que se sintiera mal otra vez.

Quería ayudar a reanimarla, pero no me atrevía a salir de mi escondite.

Me sentía culpable, pero no podía volver atrás lo que había hecho. No era posible.

Estaba dolido. No había querido hacer nada malo. Sólo sé que no había podido frenarme.

Es que en un tiempo, como Uds. saben, no había tenido mucho para comer  y me había acostumbrado a robar comida.

Sabía que no estaba bien, porque ya no tenía necesidad de robar, pero, a veces, no podía ir contra eso.

Después de un rato, la mamá se recuperó. Todos, incluso yo, que seguía escondido, nos alegramos.

Vinieron a buscarme. Cuando me encontraron, pensé que lo iba a pasar muy mal, que quizás me pegaran.

Pero no fue así, ellos no me pegaban y ese día tampoco lo hicieron. Sólo me llevaron al fondo y me dejaron atado.

Por la noche, no pude dormir dentro de la casa. Lo sentí mucho y ¿quieren que les diga la verdad?  Tampoco lo entendí demasiado. No había querido hacer mal. Lo había hecho sin querer.

Bueno, sin querer hacer tanto daño, pero si queriendo probar la torta.

¿Estuve muy mal? Parece que sí.

Después de eso aprendí, aunque no siempre lo recordé, que debía pensar antes de hacer las cosas.

Volviendo a lo anterior, les diré que lo pasé muy mal por dos ó tres días. No fue porque me castigaron, sino porque me sentía tan lleno y tan descompuesto que no podía ni siquiera comer.

Y, como Uds. saben, para que yo me quedara sin comer habiendo comida a mi disposición, tenía que estar muy enfermo.

¿Qué les pareció lo que hice? Mejor que no me contesten. Sé que no me van a aplaudir y que tampoco lo merezco.

Los dejo. Nos vemos.  

torta

¡Qué rica estaba!

 

boton2